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EPIGRAFE


Estaba en el ataúd, listo para ser enterrado, y sin embargo, él sabía que no estaba muerto. Que si hubiese tratado de levantarse ya lo hubiese hecho con toda facilidad. Al menos “espiritualmente”. Pero no valía la pena. Era mejor dejarse morir allí: morirse de “muerte”, que era su enfermedad.

Ojos de Perro Azul;
Gabriel García Márquez

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